Santi Veiga es un apasionado de la fotografía que se inició en un rubro distinto. Era periodista y entrevistaba a personas en Sevilla.

En ese ínterin, decidió montar una productora y comenzó a trabajar filmando eventos y, por supuesto, bodas.

Pero luego de un tiempo, se dio cuenta que lo que hacia era plano “sin corazón” y eso, empezó a cansar.

Santi, buscando una respuesta, comenzó a mirar a otros videógrafos.

“Entonces, yo lo que empecé a ver fue mucha fotografía, y entonces pensé, ¿cómo es que alguien puede hacer esta fotografía tan bonita que puedes quedarte viéndola 10 minutos? Y ahí pensé cómo puedo llevar esto al vídeo”, contó Santi.

A partir de allí, comenzó a utilizar un trípode, cámara quieta, y todo lo que sucede frente a la lente.

“Mi trabajo es un trabajo de espera. Siempre le pasó a los chicos que tengan paciencia. Dar un paso atrás y ser expectador. Somos cazadores de una boda y captamos momentos”, señala Santi.

Un detalle que Santi resaltó es que en países de Europa como Italia, España y Francia, donde trabajó, el videógrafo trabaja como un wedding planner en Latinoamérica.

“Yo recuerdo que cuando Gui Dalzoto vino a España a hacer una ruta de meses, él no entendía como un videógrafo podía parar la salida de los novios, o cambia el set de maquillaje de una novia que ya estaba montado”, expresó.

Como un consejo a los videógrafos paraguayos, Santi recomendó leer el manual de la fotografía básica porque “a mí me duele mucho escuchar a chicos decir: yo no hago fotos porque soy videógrafo”.

Para Santi, el videógrafo, lo primero que tiene que aprender es la fotografía para entender la luz, el encuadre, los planos, simetrías, uso de las lentes.

A eso recomendó aprender el ABC del cine y con esos conocimientos, experimentar y ser valientes.

“Que no dejen que el cliente decida por ellos, que reeduquen a los clientes. Los vídeos son auténticos documentales”, concluye.

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